Visitante

martes, 21 de abril de 2026

LOS KUSINA, la primera línea de defensa del territorio wayuu, exterminados por el desprestigio
Por Leonel López
La invasión española nos heredó narrativas falsas que por siglos se constituyeron en la historia oficial de los pueblos en el continente americano, es esa historia narrada por décadas en los libros de primaria o bachillerato donde describían a un Cristobal Colón “descubriendo América” y trayendo consigo la “civilización” al mundo prehispánico en 1492. Con el tiempo, surgieron preguntas y cuestionamientos de una nueva generación de historiadores e investigadores como el periodista Eduardo Galeano, quienes se encargaron de indagar más a fondo y rasgar el velo que ocultaba otra realidad: no hubo tal descubrimiento de los europeos y tampoco llegaron a civilizarnos, en cambio fue uno de los más grande robos, saqueos y aniquilación de pueblos indígenas del nuevo mundo jamás visto en la historia humana.
Dicho esto, nos venimos entonces a la historia del pueblo wayuu, que por supuesto, también estuvo enfrentada al proceso colonizador y en extremo violento de la corona española, y aunque hubo una gran resistencia por parte de nuestros antepasados, a veces las tácticas podrían variar de acuerdo a la capacidad del enemigo, y en este caso al no poder doblegarlo por las armas, se le subyugaba a través de la construcción de narrativas grises para desprestigiarlo, una propaganda falsa para destruir su imagen. A partir de aquí vamos a desenterrar la figura enigmática de un antepasado cuya relación con el ADN del pueblo Wayuu ya no se puede seguir ocultando, su leyenda la hemos escuchado en algún momento en nuestras casas, en conversaciones de mayores, bajo el cuento de ser considerados parte de una casta (en el sentido de estratificación) de bajo nivel: los Kusina.
Dentro de la oralidad del pueblo wayuu, su imagen está asociada en forma despectiva al robo y saqueo, el vocablo Kusina, o Cocina, se utiliza para distinguir a otros pueblos indígenas diferentes al pueblo wayuu, sin embargo, estudios han develado que este grupo, tratado de forma mal intencionada como “el otro”, el “diferente”, “salvaje” o ladrón, no era sino parte del pueblo wayuu, hablaban el idioma wayuunaiki, hacían parte de un eirruku o clan, eran amos de un territorio, no obstante, su único error fue la resistirse a todo aquello que representara al español, en todos los sentidos.
A diferencia de otras familias wayuu que asimilaron, por poner un ejemplo, la ganadería a partir del siglo XVI, los kusina simplemente mantuvieron como actividad para su sustento la cacería y la recolecta a lo largo y ancho del vasto desierto, eran también firmes en cuanto a sus territorios, nadie que no fuera wayuu podía circular en sus contornos, y es partir de este punto en que el ejército español comienza a chocar con la muralla de los kusina.
En su intento de adentrarse y someter las llanuras semidesérticas y serranías de la Guajira, los forasteros se encontraron frente a frente con unos guardianes quienes les cerraron el paso, las patrullas o destacamentos expedicionarios en su intento de hacerlo, eran aniquiladas a través de la implementación de guerra de guerrillas y otras maniobras formidables de combate, eso pronto comenzó a infundir terror en los invasores, mientras un soldado intentaba recargar torpemente su mosquete, las saetas de estos altivos guerreros caían como lluvia sobre ellos.
Fue así como los temibles kusina, acusados falsamente por la corona española y cuya propaganda usó mecanismos de control como las misiones capuchinas, fueron quienes mantuvieron a raya al imperio, constituyeron la primera línea de defensa para enfrentar a los saqueadores, y a diferencia de otros pueblos indígenas que fueron exterminados en su totalidad, a ellos les debemos en gran parte la conservación de nuestra identidad cultural, y en cierta medida (según lo permiten las repúblicas), control sobre el territorio ancestral, sobre todo hacia la Alta y media Guajira.
Su desaparición se fue dando de forma gradual, algunos relatos que en algún momento he escuchado, cuentan que por sus acciones delictivas fueron exterminados por una coalición de tropas españolas y jefes claniles wayuu. Le presento a mis mayores el beneficio de la duda frente a esa versión, considerando la capacidad de combate y experiencia en el arte de la guerra de los kusina; apelando a la lógica humana, mientras un grupo asimiló la ganadería y se dedicaba al pastoreo, estos connotados guerreros estaban dedicados a la tarea de planificar tácticas e incursiones para expulsar a sus enemigos.
Pero la historia tiene otra versión, poco a poco el estigma los fue doblegando, y también fueron alcanzados por la asimilación económica y otros procesos del mestizaje, tal vez cansados de la guerra, se diluyeron entre otros clanes, algo que la sociología llama “metamorfosis social”, hasta quedar culturalmente extintos, y las memorias de sus gestas borradas de nuestras crónicas orales, solo quedó el retrato en el imaginario colectivo de un mal llamado “indio salteador”.
El tiempo suele traer consigo giros inesperados, hoy el viento alisio del noreste comienza a desenterrar las epopeyas de los kusinas de entre las arenas del desierto, sus gritos de guerra se escuchan en la lejanía, hace eco en las laderas de las serranías, la historia comienza por si sola a desmitificar y limpiar el nombre de aquella generación de guerreros a quienes la historiografía construida por la corona se encargó de convertir en los “malos” y ellos los “buenos”, cuando en realidad ofrecieron su piel y su sangre para hoy existir la Nación Wayuu.


Imágenes recreada con IA

No hay comentarios:

Publicar un comentario

LOS KUSINA, la primera línea de defensa del territorio wayuu, exterminados por el desprestigio Por Leonel López La invasión española nos he...